viernes, 29 de enero de 2021



 HOMENAJE EN PANDEMIA

COVID – 19

GIL IMANA GARRÓN

EN LA ETERNIDAD

 


EL MAESTRO SE ELEVÓ AL CIELO

PARA ENCONTRARSE CON INÉS


Falleció el consagrado pintor boliviano Gil Imaná a los 88 años de edad. Chuquisaca le vio crecer bajo los cielos electrizados de Sucre. Su convivencia con los artesanos encendió en él un sentimiento nacionalista capaz de traducir en arte aquellas imágenes imborrables de los hombres de Yotala, Culpina y Turuchipa, por donde anduvo juguetona su niñez.

En Gil Imaná se hermanó la sencillez con la creatividad y la certeza con la pasión. Allí surge el hombre artista cuya obra inspiró confianza en quien apreció su contenido y elaboración.

Amigo de mi familia, y muy allegado a mi Papá, Gil desde hoy estará de guardia por una eternidad, más allá de la vida para continuar en planos superiores. Que Dios guie su camino.

Graciela Rodo-Boulanger, pintora boliviana expresó: “Hay personas que, cuando se cruzan en tu vida, es para quedarse para siempre.

Desaparece el tiempo, desaparece la distancia y transcurren los años con la certeza de que esa persona ya es parte de tu vida.

Hemos compartido el primer maestro, Juan Rimsa y la pintura se convirtió en un lazo muy fuerte, acá o en París y en todos los momentos en los cuales teníamos la felicidad de encontrarnos, con admiración mutua y bellas conversaciones o silencios, con sonrisas o miradas que dicen “somos amigos”, colegas;

Yo sigo tu vida que transcurre como la mía, enteramente dedicada al arte. Sabíamos que la pintura sería nuestra compañera y que nos ayudaría a recorrer este hermoso camino que es la vida…hasta el final…

Querido amigo, te extrañaré, te tendré en mis recuerdos y sabré que tu mirada se abrirá a más belleza, a límpidos colores, y un nuevo horizonte.”

El escritor y crítico de arte, Mario D. Ríos Gastelú, escribió: “Solo quería estar en silencio, cuando las sombras de la noche estaban en mi manto y la gente se escondía en los días, los que me daban respuestas esperanzadoras, después de ir a un centro cultural desde donde te llamaron, transmitiendo sentimientos y costumbres, llevados por el cromatismo pictórico, las manos de un maestro singular, el mensaje de vida y el cambio, Gil Imaná Garrón.

Hoy fue el artista de lienzos de colores, en medio de una llamada al amanecer. Si dejaba el mensaje de la vida y del mundo, de las obras notables que tantas veces contemplamos, ahí, lugar de las respuestas. a las preguntas cotidianas sobre su existencia y la salida definitiva de otros escenarios, el reino de Dios para el clero; de lo contrario, donde espero volver a la vida, es una experiencia realizable.

Oímos ladridos del ladrido del amigo. Sentimos la partida del artista. Lamentamos agregar que no puedo tener éxito en un abrazo. Allí, desde donde sus obras inspiraron su obra, en los famosos centros culturales de América y Europa y los más humildes escenarios de cambios artísticos Allí siempre estarán aquí. este hombre dotado de la belleza que comenzaría a contemplar al legendario Chuquisaca, desde donde sus ojos se abrieron para encontrar en la naturaleza, los mismos ojos que se cerraron, para mostrar los encantos de la creación, debajo del colorido Illimani.

Descansa en paz, maestro de la belleza. Descansa en paz, conductor del dolor, dondequiera que los consagrados al bien común, según todos, tengan siempre un coro de ángeles que den la recepción a un nuevo habitante de otro reino desconocido. Amigo Chau. Todos estamos asombrados por esta vida. Después de todo, espero volver a encontrarme con usted, hasta que deje de lado el monólogo si hablo en este día de granizo oscuro.”

La joven artista plástica, Roxana Hartman, escribió: “Maestro, volaste temprano este día, deseo que tu alma descanse.

Tuve el honor de conversar con vos muchas veces, con palabras dulces me contabas tu historia (que una vez accediste a que grabe y escriba).

No necesitabas ojos para mirar el presente, lo construías con el trazo del pasado y el deseo de días mejores. Gracias por tu obra, pero sobre todo por tu cálido espíritu. Gracias Gil Imaná.”

Nicia Paravicini, artista plástica y maestra del dibujo, escribió: El Maestro Gil Imaná me dijo que siempre ha declarado su intención de despojarse de su obra cuando creyera que es el momento de hacerlo, así lo mencionó: “Yo vine desnudo y desnudo me iré. 

Voy a dejar todo a mi pueblo, al pueblo que me hizo crecer. Toda mi obra y la de Inés, mis propiedades inmuebles deseo que sean para Bolivia”.

En la inquietud de aquellos días tempranos saturados de curiosidad, entre textiles, autóctonos y ocasos vespertinos, surgieron las ideas de sus primeras tareas coloreadas por la melancolía de los olvidados.

El tiempo dejó atrás al niño que dibujaba en la corteza de los zapallos. Al que pintaba figuras en cartulina y luego las recortaba. Distantes se hicieron las horas juveniles del estudiante de arte, inmerso en la sórdida atmósfera de la morgue donde dibujaba laos cadáveres para compenetrarse de los secretos del hombre en una suerte de espíritu leonardino. Cuerpos y almas se amalgamaron en pos de un destino: crear la belleza para eternizar la obra.

En un alma sencilla sólo puede anidar la sobriedad. Así entendió, sin duda, aquel maestro lituano, Juan Rimsa, quien guió los pasos de Gil Imaná con esa convicción propia del que sabe hasta donde puede llegar un artista.

Así surgió el artista Imaná, el que un día expuso dibujos, grabados, acuarelas y óleos encuadrados en la denuncia social, para que el mundo conociera la injusticia humana sobre un suelo de barro, tierra y pedrones, origen de sus cuadros: Lágrimas del tiempo, Raíces, El hombre y su tierra. Sólo tierra gris, La larga espera, Tiempo de soledades, Ilusión Mágica Gris y tierra.













Julio Ríos

EN CADA CUADRO DE GIL

En cada esbozo, en cada título, se desangra el alma del pueblo, y desde la humedad de los surcos rociados de llanto, el tramo del hombre se hace carne en cada trazo del lápiz o el pincel.

Pero Gil Imaná fue un hombre de profundas meditaciones. Ante el ancestro que vibra en el latido de cada vena, hubo una razón muy particular para comprender la vida gastada en las entrañas de la mujer amada, de que es madre fecunda y tierna, como la semilla de los rubios trigales hecha más tarde bendita hogaza.

El fruto amargo perpetuado en las telas de Gil Imaná, tubo su trascendencia artística la imagen doliente de una nación ahogada en el silencio del llanto oculto agudizando el drama.

Allí no se detuvo la inspiración. Una idea fija arrancada de la tierra haría el papel de “leit motiv” de su pintura: La Mujer. Desde la grandiosidad milenaria de la “Pacha Mama”, surgieron ideas traducidas en la geometría de las líneas, en la sobriedad de la pintura, en el simbolismo de los anillos faciales, en la fuerza y perpetuidad del talento.

Todo quedó traducido en la discreción polícroma de ocres y grises, como el alma del hombre del altiplano.

Gil Imaná Garrón, nació en Chuquisaca el año 1933, es pintor, grabador y muralista.

El año 1942 ingresó a la Escuela de Artes Zacarías Benavides en Sucre, Bolivia y luego participó del curso superior de bellas artes Rimsa, dirigido por el destacado artista lituano Juan Rimsa.

En 1950, en compañía de su hermano Jorge y los pintores Walter Solón Romero y Lorgio Vaca, formó el Grupo Anteo, un colectivo de artistas y escritores bolivianos con tendencia social, compuesto por la vanguardia cultural boliviana de la época.

Entre 1958 y 1960 fue profesor en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Los Andes en Mérida, Venezuela; al retornar al país, fue invitado a asumir la dirección de la Escuela de Artes Zacarías Benavides y entre 1961 y 1964 fue docente de la Academia Nacional de Bellas Artes, Hernando Siles de la ciudad de La Paz.

En 1969, fue presidente de la Asociación Boliviana de Artistas Plásticos (ABAP) filial La Paz.

Ha participado en innumerables exposiciones colectivas y bienales en Argentina, Brasil, Colombia, Estado Unidos, Italia, México, Perú, Uruguay, Rusia y Venezuela. De entre ellas, Gil Imaná destaca su presencia en el museo Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia y en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, lugar donde se iniciaron los grandes pintores mexicanos, David Siqueiros, Rufino Tamayo, entre otros.

Sus murales más notables son: Historia de la Telefónica (Sucre, Bolivia 1955), Marcha al Futuro (Sucre, 1957), Obra civil del Mariscal Andrés de Santa Cruz (La Paz, 1965), Tierra y Vida, Técnica y Espacio y Marcha de los Universitarios (La Paz, cerámica, 1965), Tránsito en el Tiempo (La Paz, cerámica, 1981) y Fiesta de la Salud (La Paz, 1982).

Entre sus principales reconocimientos están: el primer premio en pintura del Salón Municipal de Artes Plásticas, Pedro Domingo Murillo en La Paz, Bolivia, por su obra Paisaje de La Paz en 1961, un año más tarde obtiene el primer premio del X Salón de la Revolución Nacional, Bolivia; en 1973 se consagra con el  máximo galardón en grabado del Salón Municipal de Artes Plásticas, Pedro Domingo Murillo en La Paz, por su obra Mujer, en 1994 la Fundación Manuel Vicente Ballivián le otorga el premio de la Cultura. El año 2002, la Cruz Roja Internacional de Argentina lo nomina como Artista por la Humanidad y en 2004 el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz (GAMLP), le entrega el premio a la Obra de Vida.

El mismo año recibe el Premio Nacional de Cultura otorgado por el Estado Plurinacional de Bolivia y el año 2014 es condecorado con la Orden Nacional del Cóndor de los Andes, en el Grado de Caballero por su trayectoria y su contribución al desarrollo de la pintura, el mural, el dibujo y otras especialidades del arte boliviano.
















A CERCA DEL AUTOR
 

Julio Ríos, escritor, periodista y crítico de arte, en la actualidad se desempeña como consultor privado, asesor de seguros y asesor en proyectos de redacción. Ha escrito los libros DIECIOCHO CRÓNICAS Y UN RELATO y la novela LA TRIADA DE LA MOSCA (Primera y segunda edición 2008 y 2017. EL ALTO PARA TODOS (2017), es su última publicación relacionada con información cultural y turística de la ciudad boliviana. Ha escrito desde 1975 hasta la fecha más de 15 mil artículos, entre editoriales, entrevistas, análisis políticos, crítica de arte, filosofía, literatura y música. Es columnista del periódico Página Siete de La Paz, Bolivia y crítico de arte. Ha ganado premios como periodista, y ha visitado 50 ciudades en Latinoamérica, Norteamérica y Europa. Dirige la publicación "Artistas en el pincel", dedicada a pintores contemporáneos del mundo. Escribe comentarios sobre cine en su Blog que se publican en su cuenta de Twitter. Su hijo Juan-Cristóbal Ríos Violand, es cineasta y guionista de las películas: Quien mató a la llamita blanca, Norte Estrecho junto a Omar Villarroel, y la Virginia de los bolivianos.

JULIO RÍOS, ES ESCRITOR Y CONSULTOR